Si el presidente se avienta a un pozo, ¿tú también te avientas?

No voy a negar la cruz de mi parroquia, pero tampoco me uno a quienes aceptan el plagio como algo “cultural” en México o que “todos hacemos”. Sería como si le gritara a mis estudiantes en la cara que son tan imbéciles que no pueden escribir un texto por ellos mismos. Que haya quienes plagian no significa que debe generalizarse y menos aceptarse. Creo en mis estudiantes y creo que son capaces de expresar sus ideas, puntos de vista, comentarios o conclusiones, haciendo referencia a otros autores o deduciendo ellos mismos una idea a partir de su propia experiencia o así nada más, expresando sus ideas. Creo en que los estudiantes pueden redactar una cuartilla, dos, diez o más de veinte, unos esforzándose más que otros, claro está. Por eso me uno a quienes creen en una mejor educación, a quienes cometen errores, pero asumen su responsabilidad, se comprometen y demuestran su potencial. Me uno a quienes creen en los estudiantes, porque he visto que pueden hacerlo. Cuando escucho sus textos, por cortos que sean, les aplaudo y los animo a seguir haciéndolo. Cuando descubro en los estudiantes un plagio también se los hago saber, levantando la voz, para que no se les olvide, que no necesitan copiar y pegar, que escribir un párrafo no es cosa del otro mundo, que tienen el potencial para hacerlo, y lo hacen. Todos cometemos errores, hasta el presidente, ahora lo que toca es el compromiso de remediarlo, a fin de demostrar que errar es humano y que quien cacarea más el huevo de la calidad educativa con una reforma, es el primero en demostrar que sí se puede, que es posible corregir el error, que es necesario corregir los errores en un México tan dolido. De otra forma, minimizar el plagio, es para mí, como dice aquél refrán: “vestirse de seda”.
Y ya entrado en ánimos cabe aquí lo que dicen que dicen las madres mexicanas: y si el presidente se avienta a un pozo, ¿tú también te avientas?