Si del cielo te caen limones, ¿marchas?

Alguien que me diga: ¿Cómo debo nombrar a quienes (según algunos) son todo lo que uno quiera, menos familia? ¿Cómo llamar a un sacerdote que no se casa y que vive en contra de lo “estipulado por Dios para ser llamado familia”? ¿Cómo llamar al hombre soltero? ¿Y a la mujer abandonada en la edad adulta? ¿Cómo llamar a la vecina o al vecino cuyos hijos viven en otro estado o en otro país y casi no se vuelven a ver? ¿Cómo llamar a la tía que se casó más por necesidad que por gusto? ¿Cómo llamar a quienes tienen hijos o hijas desaparecidos? ¿Y los abuelos que educan a sus nietos? ¿Cómo llamar a las mujeres que “se casan” con Dios y se ponen a su servicio en un convento? ¿Cómo llamar a dos hombres que viven juntos?¿Cómo llamar al americano que se casa con una europea? ¿O a una china que se casa con un lacio? ¿Cómo llamar al joven alcohólico internado en una clínica de rehabilitación? ¿Cómo llamar a los presos?¿Cómo llamar a la pareja que no puede tener hijos? ¿Cómo llamar a dos mujeres que deciden vivir juntas? ¿Cómo llamar a quien decide adoptar? ¿Cómo llamar a la mujer que cría sola a sus hijos? ¿Cómo llamar a quienes tienen hijos o padres migrantes y no los han visto por más de quince años? ¿Cómo llamar a José y a María? ¿Cómo llamar a Pedro? ¿Cómo llamar a Saulo de Tarso? ¿Cómo llamar a David? ¿Cómo llamar a Eliseo? ¿Cómo llamar a María Magdalena? ¿Cómo llamar a Jesús de Nazareth?

Dicen las malas lenguas que lo mejor para la humanidad es que un hombre se case con una mujer y que tengan hijos. Supongo que están tan preocupados que piensan que de esa manera dejará de haber presidentes corruptos, primeras damas mentirosas o sacerdotes pederastas. Supongo que piensan que así podremos librarnos de narcotraficantes, periodistas comprados o estudiantes desaparecidos. Que así solamente dejará de haber niños y niñas vendidas o abusados sexualmente. Que solamente esas familias pueden evitar todos los males de la tierra. Quizás piensan que dejará de haber presidentes que prueban armas químicas o candidatos que odian a los mexicanos. Quizás creen que cuando la familia sea papá, mamá, hijo o hija se terminarán las guerras, el hambre y quien sabe, con suerte hasta la contaminación ambiental y los manglares y bosques se restablezcan y volvamos a vivir en el paraíso del Génesis.

Creo que todos tenemos derecho a opinar nuestro punto de vista sobre el mundo, sobre la vida, sobre el amor y sobre la familia. Por eso “somos” una sociedad democrática (o intentamos serlo). Tu punto de vista puede ser semejante o muy distinto al mío y al de éste o al de aquél y no por eso nos vamos a agarrar a garrotazos.

Desde mi perspectiva, todos podemos marchar por lo que queramos. Desde buscar mujeres desaparecidas, por ejemplo, hasta defender a lo que llaman familia tradicional. Es su punto de vista. Nuestras familias, nuestros niños, nuestras niñas, nuestros padres, nuestras madres, nuestros abuelos, nuestras abuelas, nuestros tíos, nuestras tías… deben ser amados, respetados, valorados… y quizás hasta “defendidos”.

Crecí con padres evangélicos y se lo agradezco mucho a la vida, a Dios, al cielo. Cuando pasaba momentos difíciles encontré un refugio y una ayuda que no les puedo explicar. Algunos encontraron esa ayuda en alguien o algo diferente, y que bueno. En mi caso, mis padres me enseñaron a confiar en Dios y a buscarlo; que ahora ya de grande lo haga bien o mal, es cosa mía y eso implica enfrentar mis decisiones.

Por sobre todo lo que me enseñaron, tengo muy presente algo que hasta ahora me ha servido mucho: “la biblia es útil para enseñar”. Por ello en cada situación difícil o no tanto, pienso en las historias que escuché de niño y me pregunto qué haría tal o cual personaje en mi situación. Eso me ayuda a respirar, a esperar, a confiar y a actuar. Por eso cuando leía que las iglesias marchaban en nombre de Jesús para defender la “familia” papá-mamá-hijos me preguntaba: ¿Marcharía Jesús por defender esa familia? Ustedes pueden contestar lo que quieran, y eso lo respeto. Yo creo que no. Entre otras cosas, porque él pertenecía a una familia diferente.