Que no les extrañe si me tiro al vicio..

Si ven que me tiro al vicio, que no les extrañe.

La serie de eventos desafortunados siguió el día de ayer: Cuando me estacionaba, dos teporochos se peleaban el dirigirme en la maniobra y que les diera un quintito. Discutían frente a mi y ni modos de echarles el coche encima. Uno de los dos le ganó en mentadas al otro y cuando me estacioné, busqué cambio y en ese trote dejé las intermitentes prendidas. Sí, ya sé todo lo que me van a decir, así que mejor guárdenselo en lo más dentro de sus entrañas.

Siguiendo con lo del cel, durante el día llamé a la aseguradora y le dije que era increíble que ellos me aceptaran una identificación como válida y telcel no. Después de horas esperando, me dijeron que podía pasar por mi cel (a estas alturas me interesa más el chip).

Pues muy acá me preparo para ir a telcel, pero cuando llego a mi coche la batería estaba muerta, que digo muerta, más que cadáver. Pues ahí me ven regresando con mi carota a la facultad a pedir ayuda, porque el cel que me prestaron estaba con 4% de batería y a qué horas me iba a poner a publicarles mi pena, si ya me ven y mueven nada más su cabeza y dije la vergüenza de publicar otra vez mi tontera.

Afortunadamente Francisco y Marin tienen maña y tienen fuerza, sabiduría e inteligencia para esas cosas (Julian me ayudaría después de clases). Me dijeron cómo podía hacerle y ahí me ven buscando en la oficina todo alambre, regla, machete o serrucho que pudiera servir.

Cuando llegamos al coche, los teporochos (aclaro que no es ofensivo el término, y no sé cuál otro ocupar) se nos acercaron de a poco, primero preguntando si era de nosotros el coche o si estábamos entrando en un pantano. Luego, luego se ofreció uno a ayudarnos y empezó de un lado, Marín tenía una forma de abrirlo, Francisco otra idea del otro lado, y yo viendo cómo mi coche era manoseado por todos los flancos y nomás no daba su brazo a torcer.

Cuando finalmente Francisco logró abrir una puerta, estaba yo a su lado y del gusto dejé que la puerta se volviera a cerrar y por asares del destino, el seguro se bajó y regresamos a las mismas.

Ya eso es demasiado ¿no?

Volvió a abrir la puerta y no la soltó hasta asegurarse que Marín estaba adentro y que las otras puertas estaban sin seguro. Ahora a encenderlo.

Empujándolo enciende, me decía Marín. Y cuando los demás teporochos nos vieron que íbamos a empujarlo, llegó una tribu y luego la otra (ya estaban juntos los que en la mañana se mentaban todas sus verdades). Y entre todos empujamos de frente y de reversa: la batería estaba cadáver.

Dos almas caritativas que no dejamos pasar porque el coche bloqueaba la calle, se apiadaron de mis desdichas y me pasaron corriente. Todos los teporochos querían seguir metiendo mano al coche y mejor los mandamos por el chesco, casi hacemos un convivio con fogata y todo, pero Francisco y Marín tenían clases. Así que nos despedimos de todos, agradeciendo sus favores y fuimos a la facultad (ellos a su clase y yo por el celular que me prestaron y que dejé cargando en un salón).

Los que quieran un final feliz no sigan leyendo. Aquí terminan mis penas. Los que están tlayudos a ver si le siguen.

Hoy en la mañana, salgo y siento el volante duro, y como hay bloqueo en varias calles, casi choco con un coche que venía en sentido contrario como si fuera en autopista porque ya no pudo pasar. Llego a 5 Señores y no puedo dar vuelta fácilmente. El volante está ahora más firme. Hago uso de mi Fua y mejor me regreso, pero antes llamo a mi hermano y me dice que cheque si es la banda. Abro el cofre y así es. La banda está fuera de lugar.

Me armo de valor y llego a casa con dolor en los huesos de los brazos.

Hoy tengo cita en el INE para renovar mi credencial y las calles están bloqueadas. Hoy pasaría a ver lo de mi chip y celular y ver si puedo cancelar el seguro y las calles están bloqueadas. Adivinen donde empiezan los bloqueos: a 5 casas de mis aposentos.