Mi espejo es el único que no me engaña

Ya me están punzando los dedos de los pies, debí probar las zapatillas rojas. Tenía razón cuando sentí esa molestia en la mañana; si ya sé darme cuenta de esos detalles ¿por qué me puse las blancas?, merecido me lo tengo, a ver si así aprendo. Aunque me duelan no voy a mover los pies ni a cambiarme de lugar, o nada de lo que logré en el día habrá valido la pena. Si Harold me estuviera viendo aquí me aguantaría el dolor, así que mejor lo imagino haciendo cuentas desde la caja, como si me estuviera vigilando, como si empezara con sus sermones de descuento o con sus amenazas de finalizar el contrato porque me muevo demasiado. Desde que entraron a quejarse dos clientes nos repite hasta el cansancio las condiciones de trabajo, para que no tengamos pretexto de decir que fuimos engañadas…

A veces pienso que me tiene en mejor estima que a las otras, y no es para menos, ya he visto como pasan por este trabajo tantas engreídas que no aguantan ni siquiera la primera quincena. Pero yo sí soy profesional, lo ha dicho Harold en las reuniones de fin de año; aunque pensándolo bien, no me sirve de nada tener esos méritos, es capaz de correrme como a Leisy cuando se quedó dormida y casi se cae frente a un cliente. Sin importarle que inició con él cuando abrió su negocio y ya estaba por cumplir cinco años sin acumular ni una queja; al siguiente día la despidió sin escucharla siquiera. También de mí puede deshacerse en cualquier momento; dar por terminado el contrato, según él, como si se olvidara que nos hizo firmar la renuncia desde el primer día. Pero mejor pienso en otra cosa o al rato se me cumplen los malos pensamientos. Es preferible aprovechar el tiempo que tengo. Ése es el lado bueno de este trabajo, que me da mucho tiempo para pensar en mis metas; puedo planear la estrategia para llegar a ser la mejor modelo de Puebla, no sólo esperando a que me digan qué hacer y cómo, sino dando ideas, innovando posturas con cada personaje que tengo que promocionar. Lástima que Harold no haya reconocido el valor de mi propuesta en la última reunión. No entiendo por qué le pareció ridícula la idea de movernos sutilmente de acuerdo al disfraz que usemos en el día, pero se va a arrepentir cuando otra tienda de disfraces se haga famosa gracias al poder de los likes y retweets. A leguas se nota que ignora el poder de subir un video al Youtube haciéndose viral. Ahora mismo podría estar vestida de Gatúbela y lamer mis brazos con ligera sensualidad, incluso podría maullar quedito cuando alguien se me acerque. Estoy segura que grabarían con su celular mis movimientos y en menos de lo que Harold espera, el video daría la vuelta en otros países y continentes, haciendo famosa a la tienda y dándome la oportunidad de mostrar mis habilidades. Ése es el poder del internet, te da una promoción espectacular sin poner un solo peso ni gastar en volantes que apenas leen algunos despistados. Harold no sólo rechazó una gran idea, se está perdiendo en el pasado de tiendas sin sentido, si no se actualiza y sigue entercado en que estemos aquí sin movernos, puede llegar hasta cerrar la tienda por falta de algo novedoso; pero allá él, de mi parte estar aquí sólo me prepara para mejores lugares, porque si me sigo esforzando, sé que un día saldré modelando, primero en revistas de Puebla, luego a nivel nacional hasta que, con un poquito de suerte, logre aparecer fotografiada o grabada en el extranjero…

Me está empezando a punzar el pie izquierdo, ha de ser cierto que siempre cargamos el cuerpo más de un lado y a la larga son los pies los que lo recienten. Quizás yo me cargo más hacia la izquierda. Pero si pienso en el dolor va a crecer y entonces sí voy a tener que moverme y a perder mi contrato, mejor sigo meditando, porque aunque no lo parezca, ser una maniquí humana es como ir a yoga, o quizás hasta sea mejor que eso, porque meditar en medio de la música y de las miradas de la gente requiere doble esfuerzo; más cuando algún loco quiere hacerse el gracioso frente a sus amigos tratando de hacerme reír para demostrarles que soy de carne y hueso. Pero se topan con pared, no en balde Harold dice que soy la más profesional. Por eso sigo con mi entrenamiento, no puedo perder las oportunidades ni en mi día libre. Cuando otras se van al cine o salen con sus amigas yo sigo creciendo, porque sólo con esfuerzo se llega a ser la mejor y yo ya lo estoy logrando. Aunque se burlen de mí por pararme frente al espejo de mi cuarto, ya sé que son envidias. Además ¿para qué quiero salir a la calle en mi día de descanso? Mi espejo es el único que no me engaña. Voy a quedarme ensayando otras dos horas, poniendo atención a los detalles, seré la mejor maniquí de Puebla y entonces sí que hablen todas las que me tienen envidia. Aquí voy. Respiraré tranquilamente, trataré de ocultar el movimiento de mis pulmones, pero lo más importante y ahora sí debo concentrarme totalmente, para no perder la cuenta, disminuiré el número de veces que noto un parpadeo…

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