Maestros azules o amarillos

Cada maestro tiene el rostro pintado de diferente color; los estudiantes lo sabemos, aunque no siempre se los decimos. El maestro “Donas” era azul cielo dentro del aula y azul marino cuando nos llevaba al patio a jugar cualquier deporte, porque los niños sanos crecen estirando los brazos y las piernas hasta ser mejores personas. Cuando la maestra Eustolia te jalaba las patillas por no obedecer, veías su cara tan café que parecía que iba a explotar a tu lado. La maestra Elvira era de muchos colores, dependiendo del día de la semana; los viernes nos contaba cuentos y dejaba que cada uno pintara su cara del color que más nos gustaba. El maestro “Negro” era blanco, como las hojas de su cuaderno de dibujo. Ahí pegamos todos una foto que se llevó a Estados Unidos. La maestra Vicenta era tan amarilla que lastimaba la vista, por eso cerrábamos la puerta del salón, para que no hiciera llorar nuestras pupilas. La maestra Lucrecia era rosa mexicano, verde bandera y rojo pasión, un color para cada año arrumbados en el viejo salón de educación artística; con ella aprendimos a tocar la flauta, a bailar el jarabe mixteco y a descubrir los colores primarios, secundarios y terciarios. No recuerdo el color del maestro X, un maestro que tampoco recuerdo su nombre pero que me quería reprobar sólo porque podía hacerlo. La maestra Dulce cambió de color con cada hijo que procreó, el primer año era red, el segundo blue, el tercero purple… mis hermanos creo que la vieron de los demás colores. El maestro Tomás era anaranjado, como un tercio de una naranja más dos octavos de la misma. La maestra Araceli era muy blanca, como el yogur o como las mesas de su laboratorio. El maestro Elías era rojo como el calor necesario para elevar un grado centígrado la temperatura de una mezcla colocada en un reactor. Mi amigo y maestro Castañeda pensé que era gris, pero después de dos semestres me di cuenta que era dos veces azúl marino tirándole a un fuerte color morado. El maestro Montesinos fue verde y la maestra Miriam azúl bajito. Cada maestro tiene el rostro pintado de diferente color; todos los estudiantes lo sabemos, aunque no siempre vamos y se los decimos…

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