Las cadenas..

Molesto por el robo y porque a quienes les cuento me culpan por no tener cuidado sin que nadie haga referencia al agresor, fui a telcel. Cuando compré el celular me dijeron que pagar el seguro haría tan fácil el proceso de recuperación en caso de robo que accedí a pagarlo (por más que me insisten en seguros y otros beneficios no los acepto). Hice lo que me dijeron y resulta que no. Hay un proceso que seguir, quien me atiende me dice que sólo es de 24 horas y que antes tardaba semanas o hasta meses, entendí que debo estar agradecido porque me tocó un proceso más rápido. Sin poder hacer nada me fui a casa de mis padres a realizar el proceso vía web. Mis sobrinos y mi hermana me recibieron alegres y yo seguía molesto, pero con algo de paciencia. ¡Para hacer el proceso necesitaba mi teléfono! ¡El que me robaron! Bueno, le dije a mi sobrino que me ayudara, tomé sin pedir la compu de mi hermana y mientras ella me preparaba chocolate, puso en un plato tres panes para que eligiera el que quisiera, y yo enojado porque no avanzaba con mi sobrino mi trámite, le dije a mi sobrina y a la otra y que el internet fallaba y que no tenían correo y yo no me acordaba de mi contraseña que cambié por el hackeo que me hicieron y mi hermana me preparó una tlayuda, un tamal y unos huevos revueltos para ver cuál de las opciones quería desayunar y yo enojado porque no avanzaba en el proceso de indemnización de telcel. Necesitaba un correo, mi hermanita me ofrece el suyo y cuando lo indico en la web recuerda que su celular se lo llevó su hijo, y yo reacciono más molesto porque entonces para qué me dice ese correo y mi sobrina me dice, ¿le digo algo? si sigue enojado las cosas no van a salir, es una ley y entonces reacciono y digo, bien podían todos mentarme la madre y dejarme sólo en mi dolor y que haga lo que pueda con mi reclamo y mi frustración. No pude disfrutar al cien por ciento a mi familia y mi desayuno por estar enojado y eso me enoja más, haberme dejado llevar y ser parte de una cadena que no ayuda en nada. Mi madre reaccionó en calma y me dijo que no puedo hacer nada para regresar el tiempo, que levante las manos y de gracias a Dios. Él proveerá. Me prestó su celular (quedé de hablarle pero el cargador que tengo está en la oficina y ahora está sin pila). Cuando me di cuenta de mi error venía manejando. Por eso cerré las ventanas y grité, tres veces, fuerte, para que recuerde que hay quienes me quieren con y sin celular y que les da gusto verme y me atienden como rey. Lo que descuidé por la molestia y la familia tan maravillosa que tengo. Recordar que hay quienes están pasando por problemas mucho más graves que perder un teléfono celular (si eres uno de ellos te mando un fuerte abrazo). Y no dejar que un celular me haga los días de cuadritos, cuando tan a gusto estaba disfrutando las andanzas, ustedes son testigos porque todo les andaba contando. Respiro y medito lo que he aprendido y lo que sigo aprendiendo de mi carácter, porque dice el de la cachetada que somos humanos y que uno pierde la onda, que cometemos errores y también somos hijos de Dios.