Por los que estaban en la fila de los flojos

A nadie le gusta estar en la fila de los flojos, de los cincos o de los reprobados. En sexto de primaria el único profesor varón que nos dio clases tuvo una grandiosa idea: sentarnos en filas según la calificación obtenida en la unidad.

La primer fila (que por más que me esforcé nunca alcancé a conocer sus mieles) era la de los dieces y nueves. A su lado estaba la fila de los ochos (todo el año me la pasé sentado en esa fila, al lado de los estudiantes más inteligentes del pueblo, tratando de descubrir sus trampas, trucos o secretas intenciones).  La fila de los de sietes y seises cambiaba de acuerdo a la unidad vista + ánimo del profesor por enseñar + esfuerzo de mis compañeros.

La última fila, la odiada, la mal vista, la peor de todas las filas, como pueden deducirlo, era la fila de los cincos, de los reprobados, de los flojos. Pero era mentira, yo lo vi con estos ojos que se han de comer no sé cuántos gusanos: quienes estaban ahí no eran ni flojos ni burros. Ayudé a estudiar a dos compañeras para saltar a la fila de los seises y nada, ningún seis cedía su lugar, mucho menos los sietes o los ochos. Lo que les hizo falta a la “fila de los flojos” no eran ganas, estudiaban y estudiaban, o mejor dicho, repetían y repetían, escribían y escribían, leían y leían, pero nada funcionaba. Hacía falta saber cómo aprendían, faltaron estrategias, técnicas de estudio que nada tienen que ver con la memorización. Cuánto habría disfrutado S la escuela si el profesor le diera técnicas para estudiar y saber aprender. Estoy seguro que mi pobre compañera M no sería llevaba con chancla y cinturón en mano por sus padres si hubiese sabido la mejor forma en que ella aprendía.

El profesor no lo hacía por maldad, eso que quede bien claro, al contrario, recuerdo que era de nuestros profesores favoritos. Al final del curso nos pidió a todos una foto e hizo un álbum para recordarnos, porque al siguiente año dejaría Oaxaca y se iría a los Estates Unates. ¿Y si ese profesor nos siguiera dando clases desde allá, desde tan lejos?, ¿se imaginan que estudiáramos por internet? sin filas de ochos ni de cincos, sin dejar en mal a nadie, sin ver llorar a M y sin que S cargara el peso de ser parte de la peor fila de la clase.

Hoy M es una profesionista en la salud y sé de buenas fuentes que hasta que estudió medicina dejó de ser un cinco y se convirtió en ochos para arriba. S estudió para secretaria y trabaja en una institución educativa como brazo derecho e izquierdo de la dirección. La más inteligente de la clase hoy es médico militar con maestría y creo que hasta con todo y doctorado. Dos compañeros de la fila de los dieces dejaron el estudio por una u otra razón y ahora trabajan a sus ritmos: uno en una taquería que puso con su esposa y el otro en lo que caiga, a veces lo veo en una moto, a veces manejando un taxi. Esas son las vueltas que dan las filas de los listos y las filas de los flojos…

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