Los grillos no dejan dormir

Los grillos no me dejan dormir, siguen tocando sus marimbas aquí afuerita (son como doce o trece); me llevan y me traen de mi pueblo a sus antojos.

Hace rato me mandaron a comprar velas a la tienda de tía Toña (se fue la luz en todo el pueblo y las luciérnagas no alumbran más que donde hay plantas). Tenía como ocho o diez años. De una vez compraba la caja de cerillos porque buscarla a tientas era meterce en camisa de once varas.

También me sonsacaron a jugar con todos los primos, a traer azucenas y a cenar café de olla con pan de pasta.

A ver si así como me llevan y me traen me arrullan, pero antes de dormir recita el Salmo, me decía mi madre (se refería al Salmo 23 de la Biblia) porque uno debe ir a dormirse en paz, bien encomendado. Hace años que no recito el salmo, capás que ya ni me acuerdo y salgo hablando de Lamentaciones o de Ruth. Por cierto que ya ni supe que pasó con Ruth, la hermana de Débora. Quien la vea por favor díganle que los grillos me la recordaron; pero explíquenle bien, no vaya siendo que ya no quiera ni hablarme. ¿Y hora por qué estoy hablando de Ruth?

¿Ya ven como esos grillos no tienen nadita de juicio?…